viernes, 7 de enero de 2011

Cold Hands

Tus manos están siempre frías. Trato de evitarlas, pero siempre logran tocarme.

Tus manos están frías. Cuando me tocan, hacen recordar a mi cuerpo su fragilidad, su debilidad, pero también le hacen recordad su capacidad para dar calor.

Cuando tus manos frías me tocan, mi piel les regala calor. ¿Por qué les regala calor? ¡No lo den! Nunca se sabe si ese calor nos será útil más adelante. ¿Qué tal si tus manos frías sólo quieren mi calor? ¿Se irán a robar calor de algún otro cuerpo cuándo hayan tomado suficiente del mío? Peor aún, ¿Tomarán calor de otros cuerpos mientras no estoy cerca? Las dudas son muchas y, tus manos -frías como son- responden a ninguna...

Y mientras estoy sumergido en estas preguntas, con tus manos frías tocándome, algo curioso sucede. Tus manos empiezan a perder frialdad. Tus manos empiezan a ganar calor, pero mi cuerpo no resiente la pérdida. Me acostumbro a tus manos cada vez más tibias, que recorren mi cuerpo como agradeciendo el calor recibido. No se van. No van en busca de otro cuerpo ahora que llenaron su sed de calor.

Y qué si hacen lo propio con otros cuerpos...

M. Corona

No hay comentarios:

Publicar un comentario