sábado, 11 de julio de 2009

Qué lástima

Qué lástima que una persona como Javier Aguirre, quien había dado claros signos de una madurez adquirida gracias a su gran trabajo en España, haya podido ser incapaz de mantener la cabeza fría, dominado por la frustración, la impotencia y tal vez la humillación de las que su equipo entero estaba siendo presa.


Qué lástima que les demos razones a los estadounidenses para querernos fuera de su territorio, al mostrarnos como ciudadanos de tercer mundo haciendo mal uso de instalaciones de primer mundo, aprovechando ese mayor grado de libertad que permite una sociedad como la estadounidense para agredir a los rivales deportivos que, si bien molestan con todo su repertorio de los trucos más rudimentarios para conseguir su objetivo, no tienen culpa alguna de las limitaciones del equipo mexicano que no pudo mostrar su superioridad deportiva en el marcador con claridad en las varias ocasiones que lo pudo haber hecho.


Y qué lástima que en lugar de una disculpa sincera, admitiendo la pérdida de los estribos por todas las razones posibles, y que hubiera merecido el reconocimiento al valor del DT nacional, se den excusas como de niño de primaria que acaba de golpear a su compañero.


Claro retrato de la sociedad actual mexicana lo ocurrido el pasado jueves. Qué lástima.

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