viernes, 7 de enero de 2011
Cold Hands
Tus manos están frías. Cuando me tocan, hacen recordar a mi cuerpo su fragilidad, su debilidad, pero también le hacen recordad su capacidad para dar calor.
Cuando tus manos frías me tocan, mi piel les regala calor. ¿Por qué les regala calor? ¡No lo den! Nunca se sabe si ese calor nos será útil más adelante. ¿Qué tal si tus manos frías sólo quieren mi calor? ¿Se irán a robar calor de algún otro cuerpo cuándo hayan tomado suficiente del mío? Peor aún, ¿Tomarán calor de otros cuerpos mientras no estoy cerca? Las dudas son muchas y, tus manos -frías como son- responden a ninguna...
Y mientras estoy sumergido en estas preguntas, con tus manos frías tocándome, algo curioso sucede. Tus manos empiezan a perder frialdad. Tus manos empiezan a ganar calor, pero mi cuerpo no resiente la pérdida. Me acostumbro a tus manos cada vez más tibias, que recorren mi cuerpo como agradeciendo el calor recibido. No se van. No van en busca de otro cuerpo ahora que llenaron su sed de calor.
Y qué si hacen lo propio con otros cuerpos...
M. Corona
martes, 22 de diciembre de 2009
México siempre igual
Al pie de cada foto está indicado el periódico y la fecha en que fue publicado dicha imagen. Casi al acabar el recorrido le dije a mi acompañante: "estos cartones quedan muy bien aún ahora para describir nuestra realidad". Mi acompañante, más concentrada en observar los monos que los datos, me contestó: "yo pensé que eran receintes".
No supe si reír del comentario o llorar de que nuestra realidad no ha cambiado nada en 60 años.
De cualquier manera les recomiendo la exposición ampliamente. Para que vean que de lo que se quejan es de los mismo que se quejaban sus abuelos. Lo mismo que criticaban es lo mismo que criticaban sus abuelos. Lo más triste sería que lo mismo que ansían lo ansíen sus nietos.
martes, 8 de diciembre de 2009
lunes, 7 de diciembre de 2009
Liverpool... You should never walk alone
miércoles, 4 de noviembre de 2009
lunes, 31 de agosto de 2009
Los estadounidenses no tienen modales
sábado, 11 de julio de 2009
Qué lástima
Qué lástima que una persona como Javier Aguirre, quien había dado claros signos de una madurez adquirida gracias a su gran trabajo en España, haya podido ser incapaz de mantener la cabeza fría, dominado por la frustración, la impotencia y tal vez la humillación de las que su equipo entero estaba siendo presa.
Qué lástima que les demos razones a los estadounidenses para querernos fuera de su territorio, al mostrarnos como ciudadanos de tercer mundo haciendo mal uso de instalaciones de primer mundo, aprovechando ese mayor grado de libertad que permite una sociedad como la estadounidense para agredir a los rivales deportivos que, si bien molestan con todo su repertorio de los trucos más rudimentarios para conseguir su objetivo, no tienen culpa alguna de las limitaciones del equipo mexicano que no pudo mostrar su superioridad deportiva en el marcador con claridad en las varias ocasiones que lo pudo haber hecho.
Y qué lástima que en lugar de una disculpa sincera, admitiendo la pérdida de los estribos por todas las razones posibles, y que hubiera merecido el reconocimiento al valor del DT nacional, se den excusas como de niño de primaria que acaba de golpear a su compañero.
Claro retrato de la sociedad actual mexicana lo ocurrido el pasado jueves. Qué lástima.
